Verde y negro
En Narrado vivo rememoro el origen de la escritura. Escribir fue un alivio insospechado en una familia disfuncional y en plena crisis de adolescencia.
Corregir texto corrige persona (2026).
Corregir no es una tarea retórica o estilística, es un trabajo espiritual. Hay una ética de la forma: corregir es una empresa espiritual de rectificación de uno mismo . Abelardo Castillo.
(…)El cuento había nacido en las clases de apoyo que me daba mi vecina Adriana, que era dos años mayor. Cada verano volvía a recibir su atención, en el comedor de su casa, ella en la cabecera de la mesa y yo muy cerca en uno de los lados. Luego de la conjugación de verbos o la reseña del Cid Campeador, le contaba Verde y negro. Primero en voz alta y luego lo escribía, lento, con mi letra más prolija; sintiendo sobre mí su mirada. Después ella tomaba mi cuaderno y leía, era mi turno de mirarla. Grabé en mí su lectura en silencio; sus manos; el movimiento de la lapicera que corregía un acento o una coma sobre lo que había escrito. Después que yo mejoraba la versión, ella corregía mi texto, entonces tenía la certeza que así Adriana me corregía a mí, no solamente lo que había escrito. Y aquel adolescente reprobado, que se sentía muy feo, tenía su epifanía.(…)
(…)Esos días de cada verano entre los 13 y los 16 sellaron mi anhelo por la escritura. Aprendí que con la lapicera podía distraer, esconder y enmascarar mi fragilidad, mi impostura. Hoy creo que la alegría con que me aprobaba Marcoccia también tenía que ver con todo eso, aunque ella no participara en nada de su hechura. Y Adriana que no escuchó ni leyó otra cosa que lo indicado en el programa de la materia, nunca supo la cantidad de tinta que le había destinado.(…)



corregir no es una tarea retórica o estilística, es un trabajo espiritual. Hay una ética de la forma: corregir es una empresa espiritual de rectificación de uno mismo . Castillo